La biorremediación crece entre las alternativas de saneamiento. La utilización de bacterias propias del suelo dañado, el movimiento del terreno y el riego son las claves de una técnica que se abre camino. La apuesta por la eliminación de los químicos.

“Estamos iniciando los contactos para comenzar con las pruebas, no para ver si funciona el sistema, porque esto ya lo tenemos constatado sino para poder realizar cada proceso de acuerdo a las condiciones del lugar”, explica Alejandro Roig, director de Comunicación de Amerex, laboratorio que comenzará a ofrecer su servicio en la Cuenca Neuquina.

La biorremediación puede definirse como el uso de organismos vivos, componentes celulares y enzimas libres, con el fin de realizar una mineralización, una transformación parcial y la humificación de los residuos o de agentes contaminantes. No hay estadísticas de la magnitud de su uso en la actividad hidrocarburífera en la región, pero sí se sabe que va en aumento.

La biorremediación tiene como objetivo devolverle a los suelos sus características vitales, es decir transformar suelos muertos o muy damnificados en suelos vivos.

“El sistema consiste en un sembrado de bacterias habituales de los suelos, removiendo la tierra y dándole humedad suficiente, lo que permite que las bacterias subsistan y recreen las condiciones naturales del área damnificada”, precisó el directivo.

Este proceso natural y biológico se diferencia de los métodos químicos porque justamente lo que busca es recuperar los suelos. “Si bien hay varios laboratorios que usan este sistema, por una cuestión de absoluta seguridad lo importante es que tengan el certificado EPA (Environmental Protection Agency), la agencia de protección ambiental de Estados Unidos”, apuntó.

El sistema exige un estudio previo de las condiciones del suelo damnificado, es decir que no hay una aplicación general sino específica según el caso. Resulta un proceso mucho más económico que los de remediación tradicionales porque no se necesita transporte ni hornos especiales. “Sembrado, agua y tiempo, son las claves”, señaló Roig.

Indicó que el tiempo que puede demorar un suelo en recuperar sus condiciones naturales y, en consecuencia, volver a utilizarse, dependerá del ambiente y la magnitud del daño. “Disponemos de asistencia total para que la operadora pueda actuar con toda seguridad e incluso soporte del laboratorio estadounidense donde se desarrollaron estas técnicas, si fuera necesario”, aseguró.

LAS CEPAS DE MICROORGANISMOS SON PRODUCIDAS POR EL LABORATORIO OSPREY BIOTECHNICS DE SARASOTA, ESTADOS UNIDOS, A QUIEN AMEREX REPRESENTA EN ARGENTINA Y OTROS PAÍSES DE LATINOAMÉRICA. ESTE TIPO DE BACTERIAS TAMBIÉN SE UTILIZAN EN EL TRATAMIENTO DE EFLUENTES Y SE APLICAN A TODO COMPLEJO QUE GENERE DESAGÜES Y DESECHOS ORGÁNICOS.

“En el mundo de hoy ya no se admiten las actividades que provoquen daños ambientales, no sólo porque existe legislación más estricta y específica sino por la propia presión de la población directa o indirectamente afectada. Entonces es importante tomar cuidados especiales desde el inicio mismo de la actividad petrolera”, finalizó Roig.

“El sistema de sembrado permite que las bacterias subsistan y recreen las condiciones naturales del área damnificada”, aseguró Alejandro Roig, el director de Comunicaciones de la firma Amerex.

Fuente: Río Negro
Jueves 03 de Agosto de 2017

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